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Moi

En Sábato el laberinto es el destino complejo del hombre. La desesperanza, que resume en su último libro, Antes del fin, : “Extraviado en un mundo de túneles y pasillos, el hombre tiembla ante la imposibilidad de toda meta y el fracaso de todo encuentro”.

“¡No hay casualidades!”, dice Fernando Vidal en el Informe sobre ciegos. Como en un laberinto una puerta lleva a otro pasillo y otro túnel, en la vida un hecho lleva a otro que a su vez conduce a uno más profundo. ¿Por qué el destino? Cuando Vidal vaga por las cloacas de Buenos Aires llega a un punto oscuro y profundo (una especie de abismo prehistórico) y se da cuenta de que eses es su propósito, que hasta ahí debía llegar. Más adelante, cuando asciende del abismo y va hacia el Ojo fosforescente, una voz le dice: “Entra, este es tu principio y tu final”.

El laberinto es también el entendimiento, la mente del protagonista: pasa de los sueños a la realidad como perdido y sin conciencia. ¿Qué es realidad y qué es ficción? Parece que simplemente realidad y ficción son parte de la misma estructura. Fernando Vidal lo confiesa, no sabe si su extravío lo ha vivido o lo ha creído vivir. Huir, escapar de la ciega y encontrarse de nuevo en el cuarto con ella. Tratar de escabullirse del destino, de eso que un “día comenzo y ahora terminará con mi muerte”.

Se podría dividir el Informe en dos (LLORENTE, 1996): “la primera, compuesta por los primeros capítulos hasta la entrada en la casa de Belgrano en los capítulos XIX y XX, pertenece al mundo de la lógica y la realidad. Los capítulos restantes, a partir del capítulo XX en adelante, forman la segunda parte, perteneciente al mundo irreal, personal o subconsciente”.

Como por razonamientos e hipótesis, Fernando llegó a penetrar en la Secta de los Ciegos, en ese laberinto paranoico que se mezcla con la alucinación y que le hace recorrer todo el mundo. Es un laberinto gradual. De los recuerdos infantiles, a las sospechas del ciego de las ballenitas. Luego la persecución, la huida, el accidente de Iglesias, la espera y la casa de Belgrano.

En el Informe, Sábato relata su visón del hombre de hoy. Perdido en los enredos de la sociedad, encerrado en los contrastes del mundo: luz-oscuridad, videntes-ciegos, bien-mal, arriba-abajo (en una parte lo dice, si arriba gobierna Dios, abajo lo hace la Secta).

No hay salida. Se regresa a la idea del destino a la forma de los griego. Como en la tragedia, el oráculo sobre Edipo se cumple, pues mata a su padre y se casa con su madre. Y esa es la relación que enlas interpretaciones freudianas se la da a la obra de Sábato. Fernando, enamorado de su madre ve en su hija Alejandra, muy parecida a la abuela, un objeto de deseo. Hay quienes incluso dicen que la ciega de la habitación de la casa de Belgrano es la misma Alejandra. La historia se consuma entonces con el incesto. El destino de Edipo es el destino de Fernando Vidal Olmos.

El laberinto es oscuridad absoluta. Sus formas son las formas de los temores del que lo recorre. ¿Por qué oscuridad y silencio? Porque el odio por los ciegos, ese temor repugnante del mundo de los no videntes se le hace realidad en su propio ser. Se siente como un ciego y en ese laberinto un pájaro gigante le arranca los ojos. El laberinto tiene entonces la forma de sus pesadillas. Falta la luz, el aire es irrespirable y las aguas corren, lo mojan, el pantano lo tapa.

Él mismo ve ese laberinto como un castigo. Cansado, herido en su orgullo, después de caer en la trampa de su locura, siente que se ríen de él y que sólo le espera la muerte. Vaga buscando la salida e intuye que en algún momento tiene que encontrarla.

Esa intuición se da por la ubicación racional que hace el extraviado. Está en la ciudad subterránea, en los canales debajo de Buenos Aires, donde corren los desechos y la basura que no se puede ver allá arriba. Es la otra ciudad, la ciudad de la Secta de los ciegos. Y esa composición arquitectónica de los túneles subterráneos se le torna frenética y paradojica al pensar en los excrementos de las finas señoritas y la sangre de los nobles que fluye en ese río que oye pero no ve.

En ese momento los sentidos responden a la locura. Ya no sólo imagina, siente todo y se lo hace creer al lector. Hasta cierto momento se puede decir fácilmente que Fernando está persiguiendo fantasmas, que es un paranoico obsesionado con los ciegos, simplemente. Pero cuando se ve envuelto en los extraños laberintos, luego de seguir a Iglesias y al hombre parecido a Pierre Fresnay, sus sospechas se hacen más verosímiles, la angustia que vive pone a los lectores de su lado.

Pero digamos que está loco. ¿Por qué? Una respuesta sería por los traumas en su niñez. Mas, ¿a qué se dedica este personaje? Un hombre que tiene todo el tiempo para sentarse en un café a vigilar una pensión y puede viajar por el mundo de un momento a otro, no es alguien normal. Por las referencias que da, se puede decir que casi todo su dinero es falso (su amigo el tipógrafo falsificaba billetes) y que se dedicaba a actividades delictivas (había asaltado un banco).

La vertiginosidad de Buenos Aires y su asfixiante entorno puede crear delirios en sus habitantes. La visión de la ciudad, o más bien de la civilización, es de un alienado utópico. Cuando habla de la ciudad, muestra incomprensión e indiferencia, pues siente que no va con él. 

Su descripción de la locura citadina: “El silencio y la soledad tenían esa impresionante vigencia que tienen siempre de noche en el barrio de los Bancos. Barrio mucho más silencioso y solitario, de noche, que cualquier otro; probablemente por contraste, por el violento ajetreo de esas calles durante el día; por el ruido, la inenarrable confusión, el apuro, la inmensa multitud que allí se agita durante las horas de Oficina. {…} Mientras duermen ansiosamente, con píldoras y drogas, perseguidos por pesadillas de desastres financieros, los poderosos hombres que controlan esa magia.” (SÁBATO, 1985)

La dinámica de la ciudad vuelve locos a los ricos que temen perder su dinero y a los pobres que luchan por conseguirlo.

Y la ciudad es también un laberinto. Pero un laberinto de formas no pensadas y pensadas: se diseñan los edificios y los laberintos subterráneos, pero la totalidad de la ciudad es un laberinto más complejo que el pensado por los arquitectos, es la vida que se respira y sus movimientos compulsivos, es la invasión de espacios públicos y cada construcción clandestina. La ciudad puede ser sólo una en lo material, pero cada uno tiene su propia ciudad, su espacio de interacción; a nadie le pertenece siendo de todos. Fenómeno interesante: vivo en mi parte de la ciudad, la otra me la imagino. Pasar de un lado al otro es atrverse a entrar en un laberinto.

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